Cuándo será el día en el que dejes de ser la poesía, las letras y el pensamiento.
La duda y la certeza de los finales, el destino y la conclusión.
El rezo y la oración, la memoria, el vocabulario.
La piel.
Hoy. Hoy no será.
Es necesidad y urgencia.
(Blog que usé para ponerme de novio con la más linda de la ciudad) Tipito A.V que es de La Rioja, pero que vive en La Plata y estudia Comunicación. Hasta mayo de 2013, todo lo anterior fue pre-Gráfica 3. Aclaraciones para no angustiarse.
Cuándo será el día en el que dejes de ser la poesía, las letras y el pensamiento.
La duda y la certeza de los finales, el destino y la conclusión.
El rezo y la oración, la memoria, el vocabulario.
La piel.
Hoy. Hoy no será.
Es necesidad y urgencia.
Quiero
que me muestres tus fotos,
conocer tus juguetes de chica,
escuchar la historia de tus abuelos.
Quiero verte
quiero observarte mientras probás algo nuevo
quiero estar
cuando llores de risa,
cuando algo te conmueva.
Me gustaría sorprenderme
y morder despacio
agarrarme
un poco
del instante.
Las canciones, las lembranças. Las frases que hubiera dicho, las palabras nuevas que oí. El agua, las piedras suaves y redondas, así como era el cariño, suave y redondo. Tu voz y tu forma de mirar. Cada uno de los momentos en los que algo podría haberte sorprendido. Los sabores. Tus manos, tu cuerpo por la vereda en el abrazo. Las calles desconocidas, los colchones.
Las ideas, el futuro. Todo eso.
Hay algo de viento y la bandera de licuados flamea estoica hace 20 minutos entre mi reposera y el mar. Hay un pescado muerto en la orilla y a cada rato va un nene y lo toca con la pala, y después otros, más grandes, lo agarran de la cola y lo dan vuelta. Otro, adulto, lo levanta y se saca selfies.
El sol pica, la gente juega a la pelota, se hacen barrios de arena. Hay perros que juegan y se meten, y hay otros que se ahogan tirando de la correa para irse lejos del agua.
La playa está sembrada. Las conchillas son rayadas, rosadas, naranjas, partidas, de un blanco nube perfecto. Las miro y se suceden violentos los destellos. Sus manos, sus piernas dobladas sobre la espuma. Ella usando al mar para limpiarlas, líquido poderoso que cura todo. Y de golpe, también, la certeza de que no cura todo, de que no reinicia nada. De que no es ni milagroso ni reparador.
Oleajes.
Por la tarde, mientras oscurece, la playa se transforma. Me pienso a mí mismo y me da gracia, un ritual de adoración, de promesas y pedidos. Año nuevo, gente nueva, alguna ilusión.
Fue domingo y almorzamos. La ensalada no llegó a la foto pero hubo una igual y ahí empezó el chiste, que foto acá y allá y de esto y de aquello. Hablamos de nuestras madres, de nuestros padres, de los amigos que elegimos. De que hay una máscara de familia que le ponemos a esos amigos. Probamos tarjetas de crédito porque el mundo insistía en fallar. Hay que hacerte un monumento, te dije. Y vos pensabas en River y yo en Moria Casán. Monumental Noe.
Y compramos unas plantas, trasplantamos -sin n-, y agujereamos macetas, y calentamos membrillo de Pinchas, buscamos recetas, compramos manteca, batimos azúcar, quemamos una masa. Comimos el primer pan dulce de estas fiestas. En cualquier orden. Tu mamá y mi mamá nos quisieron por mensaje.
Habitamos el fresco que a mí me gusta en la terraza. Vimos fotos.
Sacamos fotos.
Porque los domingos inolvidables también se imprimen. Para que aparezcan un día, cuando piense qué año difícil, qué duelos hice, qué amigas tuve. Qué preciso estuvo Dios cuando inventó el 214 y todo el universo, y nos puso en esa esquina cuando éramos casi niños.
Escribo esto porque estoy contento. Agradecido. Y cuando piense qué año difícil también voy a saber que este domingo y tantos otros domingos fueron felices, my friend.
Afuera todo es vapor.
Y adentro duele el cansancio, como el del niño que no quiere dormir ni estar despierto. Me pido coraje, miro arriba y también exijo que todo pase. Así de ambiguo. El camino está hecho de imprecisiones, de ramas sobre ramas de silencio, nidos de gestos y viento, mucho viento.
Ojalá fuera suficiente.
Me prometo empujar el aire, batallar en la tormenta y encontrar luz.
Ojalá sea suficiente.
Se enfrentan los espejos en continuo infinito, minuto por minuto. Y como si se burlara el Creador se dibujan las escenas una tras otra. La siesta, la humedad en el colchón, la fiebre y el roce. Los dedos bailan, como si todo el Teatro tocara para eso. El público se maravilla y los dedos bailan, bailan y rozan mi frente que arde.
Quiero contar un chiste. Quiero azuzar la llama de la gracia, quiero, muero por verte sonreír. Lo intento y repito una canción que me acuerdo cada vez que veo un cartel sobre un auto. Lo logro.
La gloria. Suena tu voz otra vez. Se abren de golpe todos los libros. El vocabulario compartido, las palabras y los gestos que tuvimos llegan al espejo para que los mire, como en un cine, proyectados.
El latido sufre la propia vida. Está vivo, pienso. Cómo me gustaría agarrarte la mano y cruzar. Girar y bailar. Escucharte cantar.
La luz no existe más que a través del vidrio que nos distancia.
Cómo me gustaría sentir tus dedos sobre la frente que arde.
El eclipse, la mirada tuya con la mía.
El latido percusivo, atroz, agotador.
Dolió, como duelen el olvido y el desamor.
Fue un rayo, un haz de luz,
la moneda que cayó en el pozo
y salpicó todas las dudas de éste, mi mundo.
Si no está bien, si el resultado es
el desamparo
la decepción.
El corazón
Dejaba mudas a las tormentas de afuera
Y temblaba por haber bombeado tanto
por haber estallado el invierno en pedazos
por tu cabeza al lado de la mía
y así, en aquel instante, se hizo
Evidente
carta
y ahogo.
Me convenzo al despertar cada día
de que pasará
pasará en silencio y se irá
Habrán sido sueños alquilados
Cuando hables de otros
y yo calle
pasará.
Hay tanto que perder.
Lo maravilloso fue que
la ciudad se transformó
se hizo escenario
de cada uno de los imborrables pasos que dimos
entre lluvias, hojas y soles
La magia existe
y la tuve agarrada de tu mano
caminando
quichicientos meses
felicidad mía.
En principio, está soleado y corre un viento cálido, como si el sol empujara el aire.
Mirás por la ventana y entrecerrás los ojos. Es de día, mediodía.
Ya no es esa noche multitudinaria llena de vasos de cerveza y música al palo. Ya no te veo mirar al frente como nunca te había visto.
Te reconozco.
Yo digo: estás hermosa.
Vos dirás. Y dirás bien.
Hablaremos de océanos, montañas y fotos.
Me contás de tu casa, de tus hermanos. Llega lo tormentoso y lo atravesamos de lleno. El nudo. La trama. Tu cuerpo se adelanta, yo hago un paso y ocurre la magia de la precisión, encaje, amalgama, unión, abrazo. Y las olas, el vendaval, ciclón y todo. Y empapados nos pasa, nos abate. Pero pasa.
El péndulo suena, señala el tiempo.
El cuento cambia y donde hubo uno ahora hay dos. Este capítulo se corrige y se detiene.
Cómo avanza no lo sé. Pero el cuerpo, el cuello, la sangre anudada corre y fluye como agua entre las pasturas. Busca su cauce. Se desanuda buscando un desenlace. Será el río o el deshielo, el dique o las lagunas.
Me gustaría corregir lo tachado, pero tal vez la obra no es un cuento o un texto. Tal vez al final se trató de una pintura, moderna, íntima y preciosa, de las que pueden recorrerse con el dedo, trazo a trazo.
Ojalá sea una buena historia. Ojalá las palabras resuenen otra vez con otra música.
tanto hay que desechar,
el latido lleno
el abrazo fuerte
el baile
y la felicidad mía
(todo lo que me gustaría contarte,
mientras tanto)
y la ausencia,
cómo lo logra no lo sé,
se hace inmensa,
imposible
indescifrable
victoriosa
La estrategia es simple. Resistir.
Aguantar el impulso, recordar el presente, apuntar con firmeza y disparar. Carga y descarga.
Uno por uno, a cada uno de esos futuros inventados e imposibles.
Sentir el suelo, cuerpo a tierra.
Si la nostalgia avanza, saltar. Si las imágenes contratacan, hacer nuevas. De lo que sea. Cielos, rostros, perros, iglesias. Llenar el aire. Pensar caminos. Invitar momentos.
Si se pierde, hacer el sentido homenaje al recuerdo. Fue amor.
Si caemos, si la melancolía tomó el día, dormir y dar de nuevo. Decidir. Un paso a la vez. Día a día. Hasta que duela menos.
Siento los dolores nuevos de quien aprende
A romper los silencios, a preparar la materia
A contestarse solo
Dicen todos que eso está bien.
Y lo que no entiendo
Es qué mundo perdimos
El del calor y el abrazo, el del descanso.
Elegir y seguir.
Entonces,
Ruego a todos los elementos, estrellas y dioses
Sorprenderme otra vez
Sentir que existe algo más
Que haya alguien
Que rompa y desarme, que juegue y componga
Una música nueva, una canción para bailar
Una mirada otra vez
Te leí y entendí
que te debo las disculpas
de haberte atado los cordones
bajo esta nube oscura de tierra y aridez
Yo soy zonda, calor y barro
sol y montaña
de manos secas y mirada marrón
No supe ver, y eso que miraba,
que querías ir al agua, al río, al mar
querías fluir y ahora lo entiendo
Lamento, también, haber tardado tanto.
Te descalzo, ahora.
El tiempo, dimensión incierta,
ordenará la ciencia, la química y todo aquello
de lo que estamos hechos.
La memoria preservará el roce,
cuidará lo imborrable
y seguirá su curso.
Así lo espero.
De qué sirven
El insomnio y la fiebre
Si no es para ensayar despedidas
De lo que fue y será
La proporción áurea entre el dolor
Y lo vivido.
Será tal vez un mes por un año?
Una lluvia hoy por esa semana de niebla juntos?
Un día de sol por un verano bajo el aire
Este aliento solitario esta noche helada
Por caminar abrazados bajo otros inviernos
Te disculpaste por haber tardado tanto
Y se abrió una puerta enorme
A un laberinto de preguntas
De tiempos, de silencios.
De qué sirve el insomnio si no es
Para ensayar despedidas
Cuando el hueco se hace invierno
Y los viajes eternos
Solo queda buscar el abrazo en la memoria
Después de abrir la puerta
Y oler lo preparado. Sentir el beso.
Y dar las gracias por lo que existió