(Blog que usé para ponerme de novio con la más linda de la ciudad) Tipito A.V que es de La Rioja, pero que vive en La Plata y estudia Comunicación. Hasta mayo de 2013, todo lo anterior fue pre-Gráfica 3. Aclaraciones para no angustiarse.
lunes, 21 de junio de 2010
Winter has come
sábado, 19 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
Ghost's Blues
http://labitacoradeperio.blogspot.com/2010/06/ghosts-blues.html
martes, 8 de junio de 2010
Guilt
viernes, 4 de junio de 2010
La invisible
No es fácil.
Yo me quedé mirándola, a ella, sólo a una. La invisible seguía flotando en el suspiro. Pensé en ayudarla, tomarle la mano, o decirle que estaba todo bien. Pero seguí esperando.
Con el sol se abrillantó su mirada. Se hizo lágrima primero. Después volvió siendo una disculpa entrecortada. Recorrió sus recuerdos, la plaza, las luces tenues y el auto. Le recordó el calor de las manos entrelazadas y el sabor del último beso. Se hizo fuerte, de a poco.
Moldeó las letras en su boca, respiró el aire suficiente, ni para más ni para menos. Desvió la mirada y la obligo a decir.
No te quiero... La condenó. más. Faltó aire. Respiró. Quise quedarme sordo de repente, o que el mundo se ponga en mute. No, no te quiero más. Me voy.
Cuando la despedida se fue, salió primero. Orgullosa y devastadora. Atrás quedé yo, casi solo, como en un principio, con su sombra.
martes, 1 de junio de 2010
1 segundo. Antes
domingo, 30 de mayo de 2010
Romilda, la jueza
Nota: Trabajo para textos. Descripción de un personaje real. Jueza Servini de Cubría
jueves, 27 de mayo de 2010
Carbón II
Ni puerta atrás mío.
La verborragia estaba ahí,
................................. digitalizada.
sobre una mesa
nervios incontenibles de un personaje histérico
que jugó al poeta.
Escritos sobre pantalla epistolar, sin fecha ni lugar
La tinta descansa sobre la madera ajada. No por mucho tiempo, pienso.
Leo un rato más. Hasta que,
martes, 25 de mayo de 2010
Paradoja
Un golpe en el pómulo negro del joven, primero. Luego otro. Escupe sobre la sangre en el piso. Grita amenazando con picana. Le muestra la muerte arrastrada cuarenta metros más allá. Y el otro, nada. Silencio y sangre que chorrea por su frente, por sus ojos, por su nariz y cae.
Just that
- un billete de 10, otro de 2
- una tarjeta de micro a medio usar
miércoles, 19 de mayo de 2010
W
jueves, 13 de mayo de 2010
A mulher da minha vida

martes, 11 de mayo de 2010
Reloj, relojito
Ritual

domingo, 2 de mayo de 2010
Maybe that's why, maybe I miss you
Tocan cuecas, joropos y chacareras con ritmo y precisión armónica, pero sin letra que atraviese el silencio obligado del respeto. Estamos solos, rodeados de melodías enmudecidas y caras dibujadas, tu recuerdo y yo.

Cada tanto las voces se acoplan ruidosas y la nostalgia es perforada por ese tono agudo del susurro a mi lado. Y tu aliento grave, tu mirada profunda, tu nariz invisible y tu perfume tibio se detienen ante mi asiento y rozan mi oreja secreteando dudas.
Afuera es de noche, hay luna llena y nada importa. En la calle transitan enamorados los ciclistas desprevenidos. Más allá, en un boulevard, una pareja de viejos se da la mano bajo el único farol encendido. Sonríen con el chamamé que atraviesa la oscuridad e invade las veredas.
Esa tenue luz del mundo vacío me encierra con vos desesperada. Y no hay mensaje ni llamada que se atreva a acariciarte con verdades, o rasguñarte con palabras empalagosas que, al final, dicen menos. Tu respiración se tranquiliza, de a poco, dejándome solo con las guitarras sonando.
La maldita incertidumbre amenaza otra vez con soledades nocturnas. Cierro los ojos un momento y el micrófono recibe lentamente un soplo de poesía. Neruda flota sobre mares intranquilos. La escucho por vez primera y te suplico, sin quererlo mi orgullo y yo, a quedarte. Maybe that’s why, maybe I miss you.
A.V 02/05/10
jueves, 22 de abril de 2010
Cuerpos
Se saludan taciturnos, sólo con la efusividad que su carácter les permite. Y se quedan detenidos, en espacio y tiempo. A veces son solicitados, nunca dos juntos, porque de esa forma no habría divismo, y una personalidad como la suya necesita, cada tanto, una dosis de arrogancia. El deseo de sentirse requeridos los seduce.
Su oficina de madera, elegante también, los encierra, los apretuja, busca contagiarlos el uno al otro. No puede, no lo logra. Solamente los protege del abismo, de caer en la inmoralidad del abandono, de la pérdida.
Los menos preciados se vieron tentados, quizás, de huir persiguiendo nuevos horizontes. La sociedad de la que forman parte los incomoda, se sienten diferentes, revolucionarios que quieren escapar de esa elite que es la precariedad. Pero desistieron.
El más obeso se jacta de sus vastos conocimientos y su abundante vocabulario, con la altanería que le permite la ignorancia de los demás sobre algunas cuestiones. Una es, por ejemplo, que en su rubro, es sólo un aprendiz, un resumen, el dedo gordo de renombradas instituciones.
Los más finos son los más modernos, los más compactos y a la moda. Almacenan dentro de su alma los recuerdos de cientos de ojos, llorosos, sorprendidos o aterrorizados.
Los de la derecha recibieron con nerviosismo a un “nuevo”. Es una incorporación ambigua, ya que, en realidad, es el más viejo de todos.
Se saben importantes, porque son los primogénitos de su dueño. Se contienen solos, individualistas, celosos de sus títulos y demás tintas. Están consientes de que aunque las oficinas cambien de domicilio, o las estructuras se pudran con el tiempo, ellos viajarán con él, que los apilará en alguna caja pero no los dejará jamás, aunque ya hayan cumplido su función. Conocedores como ellos solos de los papeles, nunca firmarán su renuncia.
Tal vez lo que no conocen es su condena a la inmortalidad, a verse tapados por fotocopias, por fotos y retratos, a esperar sucios que un suspiro les quite la tierra de encima como si así también les borrara el sabor a haber sido olvidados. O quizás sí lo saben.
A.V 22/04/10
martes, 20 de abril de 2010
Click
El ritmo del segundero rebota en la habitación tan lentamente que mis latidos parecer correr apresurados por las paredes.
Puedo ver mis dedos bajo la colcha pesada, pero no el resto de mi cuerpo. Un haz de luz helado ilumina la cama, reflejando la luna menguante.
Mis ojos recorren la oscuridad acelerados. No se ve nada más que la pálida almohada y el amarillo de la frazada. Saco mi mano y siento el frío del invierno impactando sobre mis dedos; las uñas parecen tensarse.
Muevo la almohada, giro en la cama y huelo el perfume limpio de las sábanas recién cambiadas, su fragancia lavanda helada, su olor a muerte y cementerio, todo junto.
Vuelvo a girar y miro las aspas en el techo, imagino su brillo, su resplandor filoso. De repente las veo moverse. De a poco, el ventilador parece prenderse y el aire frígido atraviesa el abrigo inútil de mi cama, penetra mi piel y sangre.
De pronto, y justo después del click del reloj, lo escucho: lo que había temido, lo que esperaba con la esperanza de que no pase. Erizada mi alma, percibo el sonido. Mi oído viaja por el pasillo, atraviesa el comedor y el living, y espía la puerta. La llave golpea con sonido grave y hueco en la cerradura, gira despacio, con el cuidado de un crimen planificado. Escucho el click del primer movimiento. Los latidos se detienen. Puedo palpar el segundo, cuando la cerradura se rinde, pero no ocurre.

Ni el picaporte gira amenazante, ni la puerta cede al frío de invierno; ni ellos entran, recorren la casa solitaria, abandonada. Tampoco atraviesan el pasillo tambaleantes, ni golpean con sus bastones las paredes. No entran a mi habitación ni abren las ventanas. No me destapan.
No entran, como me contaron los dueños anteriores. Pero el miedo, sí.
A.V 13/04/10
P.D: Texto producido en la clase de Textos. Había que describir un miedo, y como el miedo a la frustración me iba a llevar más tiempo, repetí este que hice una vez para el taller en verso, pero tratando de llegar a las 30 líneas que se me exigía.
jueves, 15 de abril de 2010
Otoño

sábado, 10 de abril de 2010
Busco
Empiezo por la frente, única lo sé. Pero espero encontrar algo que me recuerde la tuya, territorio fértil para dar besos en invierno y transitar por tu cicatriz de anécdota graciosa.
Sigo por los ojos, centrados y brillantes. Algunos más claros, otros más parecidos a los tuyos. Que hablen, que digan, que rían. Que pregunten, que no esperen respuesta, y que pregunten de nuevo.
Escucho, luego, la voz, clara, inteligente, soñadora. Cuando susurrás en mil idiomas, la nieve se derrite en Noruega, y una brisa helada corre juguetona por Egipto.
Busco tu boca con sabor a limón, tus labios perfectos y tu recuerdo intacto. Algunas se parecen, cada tanto sonríen.
Imagino tus palabras tartamudas, tus negociaciones sin ventas, la llave en la cerradura y la caminata hasta tu casa.
Termino en mis manos, soñando que aprietan las tuyas, en noche de viernes a la salida del taller. Tan lejos.
A.V 10/04/10
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