domingo, 18 de enero de 2026

Playa

Hay algo de viento y la bandera de licuados flamea estoica hace 20 minutos entre mi reposera y el mar. Hay un pescado muerto en la orilla y a cada rato va un nene y lo toca con la pala, y después otros, más grandes, lo agarran de la cola y lo dan vuelta. Otro, adulto, lo levanta y se saca selfies.

El sol pica, la gente juega a la pelota, se hacen barrios de arena. Hay perros que juegan y se meten, y hay otros que se ahogan tirando de la correa para irse lejos del agua. 

La playa está sembrada. Las conchillas son rayadas, rosadas, naranjas, partidas, de un blanco nube perfecto. Las miro y se suceden violentos los destellos. Sus manos, sus piernas dobladas sobre la espuma. Ella usando al mar para limpiarlas, líquido poderoso que cura todo. Y de golpe, también, la certeza de que no cura todo, de que no reinicia nada. De que no es ni milagroso ni reparador.

Oleajes.

Por la tarde, mientras oscurece, la playa se transforma. Me pienso a mí mismo y me da gracia, un ritual de adoración, de promesas y pedidos. Año nuevo, gente nueva, alguna ilusión. 


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